La youtuber mexicana Aimep3, conocida por frases virales como “Adriana, ¡salte!” o “bajo mis condiciones”, anunció con emoción su primer embarazo mediante una sesión de fotos y un video del ultrasonido. Sin embargo, lo que debería ser un momento de celebración se ha convertido en el detonante de una ola de odio, clasismo y racismo en internet, exponiendo las grietas más profundas de la sociedad digital.

¿Quién es Aimep3?

Marisol Domínguez Maya, su nombre real, comenzó en YouTube en 2016 compartiendo consejos de moda, belleza y recetas. Con el tiempo, su contenido evolucionó hacia vlogs personales donde habla de su matrimonio, amistades y vida cotidiana. Hoy, acumula 445 mil suscriptores en YouTube y 1.7 millones en TikTok, cifras que contrastan con la violencia que enfrenta: por años, ha sido blanco de burlas, y ahora, con su embarazo, los ataques escalaron a niveles alarmantes.

El costo de ser una influencer no blanca y no privilegiada

Tras el anuncio, usuarios de redes sociales lanzaron comentarios denigrantes hacia su bebé (aún no nacido), criticando su posible tono de piel, su físico, el lugar donde vivirá —Nezahualcóyotl, municipio poblado por más de un millón de mexicanos— y su estatus económico. Además, ridiculizan a Marisol con apodos como “gory” (en referencia a un gorila), atacando su apariencia y origen.

¿Por qué el doble estándar?

La pregunta resuena fuerte: ¿por qué una creadora blanca, con privilegios económicos, no recibe este odio desmedido? Mientras algunas figuras públicas son celebradas incluso en momentos similares, Aimep3 enfrenta una saña que mezcla misoginia, clasismo y racismo, evidenciando cómo los prejuicios se ceban con quienes desafían los estereotipos de “éxito” impuestos: ser blanca, vivir en zonas adineradas y ajustarse a cánones de belleza hegemónicos.

Un espejo de la sociedad mexicana

Lo más preocupante es que estos ataques no son anónimos: provienen de usuarios que, irónicamente, comparten realidades similares a las de Marisol. Como señalan críticos, “el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano”, al normalizar la burla hacia historias, frases o contextos que, en realidad, reflejan la vida de millones. El acoso hacia Aimep3 no solo daña a una futura madre, sino que perpetúa estereotipos que estigmatizan a quienes tienen menos recursos o un fenotipo distinto.

¿Dónde queda la empatía?

A diferencia de otros casos, aquí pocos defienden a Marisol. La mayoría de los comentarios son discursos de odio que, bajo la excusa del “humor”, deshumanizan. Es urgente cuestionar: ¿qué nos normalizamos como sociedad cuando atacamos a una mujer embarazada? ¿Por qué validamos la crueldad hacia lo que percibimos como “diferente”?

Un llamado a la relexión

El caso de Aimep3 no es solo sobre una influencer, sino sobre cómo las redes amplifican la discriminación estructural. Es momento de frenar esta cadena de violencia, dejar de justificar lo injustificable y entender que, como usuarios, tenemos el poder —y la responsabilidad— de no ser cómplices.

¿Todo bien en casita, internet?

Mientras celebramos la diversidad de voces en línea, recordemos que detrás de cada pantalla hay seres humanos. El embarazo de Aimep3 debería invitarnos a construir comunidades digitales más empáticas, no a destruir sueños.

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